¡Al fin se oye padre!
Pamela Molina Toledo. Chile.
Presidenta Club Real de Sordos.
Licenciada en Literatura Universidad de Chile.
Consejera Nacional de FONADIS

 

El lunes 31 de marzo, una imagen en pantalla devolvió ciudadanía y sentido de pertenencia a medio millón de personas en Chile. En el silencio de una lengua sígnica que les hablaba de Irak, del Banco Central, de las declaraciones de ministros, del tiempo en Santiago, muchos volvimos a sentir que, después de todo, la fe en las instituciones puede tener sentido y que la identidad sorda tiene un espacio ganado por sus propios protagonistas.

Después de todo y nada, la sociedad civil sí puede cambiar la historia. Detrás de esa pantalla con Andrea González encarnando el oído de muchos ciudadanos de este país, un grupo humano proveniente de distintos lugares y posiciones sociales le estaba demostrando a un mundo cegado por el egoísmo y la intolerancia, que es posible reconstruir las torres de esos ideales que antes se escribieron con mayúsculas, si hacemos un esfuerzo para ponernos de acuerdo.

¿Qué queda de la calidad de "persona" -en la era de la "aldea global"- para alguien que se encuentre en la vulnerabilidad del aislamiento completo respecto de la información social? ¿Qué queda todavía para esta persona, si además le ha tocado en suerte nacer mujer?

¿A qué herramientas puede echar mano para tener conciencia de sí, de su valor y de sus derechos quien está tan a merced de la manipulación informativa como una mujer sorda? ¿A quién le vamos a preguntar qué vinimos a hacer en este mundo, si en la era de la información no tenemos un lugar en la tierra?

En general, las personas sordas vivimos una doble marginación: la de la de la sociedad, que insiste en visualizarnos como víctimas, desadaptados o infantes permanentes, "incapaces" porque "nunca sabremos" de la "realidad" pintada como verdadera por una arbitraria "mayoría" oyente, que fetichiza el oralismo en las escuelas y los servicios públicos y, por otro lado, la de nosotros mismos, cuando pensamos que ellos, los que se autodenominan "normales", tienen la razón. Cuando dudamos de la forma de percibir el mundo que nos caracteriza, de nuestra manera de sentir la propia identidad, cuando dudamos hasta de nuestros nombres... y quedamos con hambre!!!

Quedamos con hambre de autoestima, hambre de verdad, hambre de adultez, de lenguaje, de voz para gritar nuestros nombres... Hambre de decir: esto soy yo, que pienso y luego existo.. Hambre de derechos, de ciudadanía, hambre de respeto y responsabilidad.

Y el hambre también trae la soledad. La soledad de asumirnos diferentes, orgullosamente diferentes y no deficientes, nadando contra la corriente de los que nos tilden de locos y hagan caricaturas de nuestro decir extraño.

Pero esta es la soledad que ahora, con el trabajo sistemático y "codo a codo" de la comunidad de sordos, las autoridades e instituciones públicas y privadas que han mostrado voluntad por escucharnos, estamos rompiendo. No queremos que mañana otros vean a nuestros hijos, hijas, sobrinos, nietos sordos y digan "pobrecita, nunca sabrá..."

No queremos más niños y niñas con el hambre que nos acompañó a nosotros en el camino. Y por eso es necesario aunar voluntades. Para cambiar la manera de mirar la realidad. Para lograr que la voz del silencio tenga cabida en un mundo oyente.

Me siento orgullosa y agradecida de haber tenido la oportunidad de culminar y recoger el fruto del trabajo de muchas otras agrupaciones y personas sordas durante más de 8 años de vigencia de la Ley de Integración Social de las Personas con Discapacidad, y de ver que los recursos legales presentados con el apoyo del Programa Jurídico de la Discapacidad y la Clínica de Acciones de Interés Público de la Universidad Diego Portales, así como los más de 6 meses de negociación directa entre el Club Real de Sordos y ANATEL, nos han dado hoy resultados que prueban que no es tan difícil hacer del mundo un lugar para todos, con un poco de voluntad. Y que las batallas de la vida son ganadas no por fuerza ni por poderío (incluso puede ganar una mujer, en el escenario de una cultura machista), sino por quienes creen en sí mismos y en que los sueños, cuando tenemos fe en ellos, son la manifestación de una posibilidad.

La sordera no es para mi una desventaja, ni una "deficiencia": es una característica de la Identidad, tal como el ser mestizo, católico o punk. Pero no fue fácil llegar a este punto de autoafirmación positiva y orgullosa de mi ser "mujer sorda". Al adquirir la sordera en la etapa post-locutiva, recibí a través del lenguaje oral las mismas estigmatizaciones de la cultura oyente y las asumí para autovalorarme en mi nueva situación de persona sorda a partir de los 13 años, lo que en un principio me hacía aceptar la discriminación y la imposición social, para tratar de parecerme lo más posible a un oyente. Asumir la sordera positivamente fue el resultado de mi ingreso a la comunidad sorda.

Sentirme parte de un grupo humano cuya única distinción está en tener una forma de comunicación original y una misma manera de conocer y enfrentar el mundo, ha sido un proceso difícil y paulatino en mi caso, un verdadero terremoto en mi forma de valorar la realidad. La sordera es una manera de expresar un mundo diferente del que tiene el resto de la sociedad y, por lo mismo, trae una enorme riqueza a nuestro aporte social como ciudadanos.

Sabemos que la tarea de ejercer ciudadanía en la diversidad aún tiene muchos otros desafíos por delante. La lengua de signos debe ser reconocida por ley, como idioma natural de las personas sordas, conforme a los derechos lingüísticos consagrados por los tratados internacionales que Chile ha firmado. El Consejo Nacional de Televisión debe modificar la norma respecto de la información noticiosa para las personas sordas, para ir más allá de las buenas voluntades y enraizar lo logrado dentro del ámbito de los derechos que deben ser protegidos por ley. El sistema educativo de las personas sordas debe ser reformado, incorporando sistemas de evaluación de calidad y el bilingüismo como método de aprendizaje.

Es hora de demostrar que nuestro país no es tan discriminador como lo señalan las encuestas. Es hora de probar que la voluntad social que ha logrado poner intérpretes en televisión no es un gesto aislado. Estoy convencida de estar en el medio de cambios con relevancia histórica respecto de la sordera y que es posible, si seguimos unidos y confiados en nuestras posibilidades de empoderamiento social, que concretemos un sueño de trabajo colectivo, en un mundo que se desintegra por el individualismo.

Que desde las ruinas de las utopías, podamos construir otras más diversas e integrales. Somos, como dice Tennyson:"un grupo firme de corazones valientes, debilitados por el tiempo y el destino pero fuertes aún, en voluntad, para luchar y buscar, para encontrar.. y no ceder!!"

Fuente: Fonadis Chile (02/03/2006)

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