EN CLASE CON INTÉRPRETE


Silenciados durante siglos -les ataban las manos para que no se expresaran con ellas-, el millón de sordos españoles celebra el reconocimiento legal de la lengua de signos. Magazine ha estado en el centro pionero en desarrollar esta experiencia bilingüe: educación en castellano y con signos.

Con el horizonte despejado. Así es como se presenta el futuro de Belén Sanguino (8 años) y Juan Martín (10 años) (foto arriba derecha). Pero los niños, estudiantes de Primaria en el colegio público El Sol, en Madrid, han pensado que, con esta expresión, su profesora sólo se refería a la espléndida mañana invernal. Se miran, se ríen y gesticulan para contarse lo mucho que aún disfrutan con los juguetes de Reyes recibidos hace ya más de un mes… Se comunican, no cabe duda, pero nadie de los que están a su alrededor ha podido escuchar ni una sola palabra. Belén y Juan son sordos y para "hablar" recurren a la lengua de signos. La manejan con mucha soltura y de lo que quizá tampoco sean muy conscientes es de que su educación bilingüe (español y lengua de signos) les está formando para superar los obstáculos que, a diario, les generará su deficiencia auditiva.

"Con el horizonte más despejado. Hay que ver cómo ha cambiado en los últimos años la educación que reciben", matiza su profesora a propósito del futuro que les espera tras la reciente decisión del Gobierno de reconocer legalmente la lengua de signos española (y la catalana en su ámbito).

Reivindicación histórica de un colectivo que, según la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE), agrupa al millón de personas que, en España, padecen algún tipo de sordera. De ellas, cerca de 7.000 son menores de 6 años.

La clase de Juan no tendría nada de particular, nada que la diferenciara de la de otro centro escolar, a no ser por el revoloteo de manos y dedos que se desata en las primeras filas cuando la profesora quiere saber qué es lo que han desayunado ese día. Junto a ella, una cotutora que ejerce de intérprete ha traducido con signos la pregunta a los cinco niños con problemas auditivos que comparten aula con otros 20 que no padecen la minusvalía. "He desayunado un vaso de leche con chocolate y galletas", es la respuesta mayoritaria. Incluso entre los que han respondido con las manos. Eso sí, la estructura gramatical de la lengua de signos es distinta a la hablada. "Leche chocolate galletas desayunar", sería la traducción más acertada de los movimientos de manos que han desarrollado los menores con sordera. La sonrisa que despliegan por poder comunicarse es el mejor regalo para sus profesoras. "Conseguir objetivos curriculares es importante, pero más lo es la integración", subraya en ese momento Esther Pazos, la directora del centro.

Integración. Y si se habla en estos términos, nadie mejor que el colegio El Sol para demostrar qué significa "integración". Ser un colegio público en una zona como la de San Blas, distrito con una de las rentas más bajas de la capital, implica recibir en sus aulas a niños provenientes de familias con pocos recursos económicos, muchas de ellas gitanas e inmigrantes. Pero también menores con problemas auditivos, gracias al proyecto de educación bilingüe que imparten desde 2001.

Al fin y al cabo, son ellos los que recogen la tradición de la educación oficial para sordos en nuestro país. De hecho, sus instalaciones son las mismas que se utilizaron hasta los años 70 para acoger el Instituto Nacional de Pedagogía de Sordos, heredero, por su parte, del Real Colegio de Sordomudos fundado por la Corona hace dos siglos, en 1805. Porque, aunque parezca difícil de creer, España se puede considerar pionera en aplicar técnicas que ayudan al aprendizaje de los sordos desde que el benedictino Pedro Ponce de León (siglo XVII) utilizó para este cometido algunos de los signos que utilizaban para comunicarse los monjes de su monasterio, todos ellos acogidos al "voto de silencio". Algo que se puede comprobar, además, en la exposición -abierta en las instalaciones del colegio hasta el mes de junio- sobre la historia de los 200 años de educación oficial para sordos en nuestro país.

"No son niños que no tienen, son niños que necesitan", aclara la directora. "Aceptar la diferencia, la diversidad. Ésta es la ventaja de la educación integradora", subraya mientras recuerda el gran cambio vivido en los últimos tiempos respecto a la educación que reciben. "Ya no son tratados como deficientes.

No hay que olvidar que el primer centro se llamó Real Colegio de Sordomudos, Ciegos y Anormales", recuerda, por su parte, Chelo Navas, portavoz de la CNSE. "Esto es lo que ha cambiado. Y, por cierto, son sordos, pero no mudos", recalca.

En El Sol llevan con mucho orgullo ser el colegio con mayor número de alumnos con problemas auditivos de toda España. Concretamente son 98, casi el 15% de los 700 matriculados este curso. Y de éstos, 55 comparten aula con niños oyentes, a razón de, como máximo, cinco alumnos con problemas auditivos por cada 25 estudiantes. La única diferencia con una clase que tenga sólo alumnos oyentes es que en estos casos, además del docente correspondiente, también hay un cotutor por aula que ejerce de intérprete para los sordos. Mientras, los 43 restantes -el 80% de ellos hijos de inmigrantes- siguen un programa educativo específico acorde con su situación personal. ¿La razón? Además de ser sordos, padecen otro tipo de discapacidades que requieren una formación exclusiva para ellos. Como la niña china de 12 años que acaba de llegar al centro, cuatro meses después de que haya comenzado el curso. Además de ser sorda, nunca hasta ahora había sido escolarizada. Por ello, está en un aula con tan sólo otros cinco niños con un "nivel" parecido y su objetivo, por simple que parezca, no es otro que adquirir un código comunicativo básico.

Pioneros. "Por ahora, estamos muy satisfechos con la experiencia. Pero como el proyecto bilingüe se inició hace sólo cinco años, los alumnos sordos con los que estamos trabajando aún no han abandonado el centro. Ahora lo que tendremos que descubrir es cómo se desenvuelven una vez que pasen a Secundaria", reflexiona la directora.

Pero aunque tengan cotutores, intérpretes, logopedas, asesores y hasta dos profesoras sordas y, además, todos los alumnos oyentes sepan signar a un nivel básico, en El Sol recuerdan que para la educación de las personas sordas tan importante como los signos también lo es la lengua oral, única vía de acceso a la lectoescritura.

Algo que no siempre ha sido así en la historia de su educación en España. De hecho, en un país en el que padecer sordera obligaba a renunciar al trono, hasta los años 70 del siglo pasado era muy difícil ver a dos sordos comunicándose a través de la lengua de signos. Al menos en público. "No sólo se les impedía comunicarse con las manos, sino que incluso se llegaba a atárselas para que no las movieran", recuerdan desde la CNSE. Pero de este extremo se pasó al otro, se intentó desterrar el lenguaje oral en beneficio exclusivo de la comunicación a través de los signos. Hasta llegar a la situación actual, en la que nadie discute los beneficios de la educación bilingüe. "Un sordo que no sepa leer y escribir, está perdido", es el mensaje.

Que los sordos han sido a lo largo de nuestra historia uno de los colectivos más silenciados lo demuestra el hecho de que muy pocos de ellos han llegado a la Universidad. Apenas un 1%, según la CNSE, y de éstos, la mayoría opta por matricularse en la Universidad de Granada, debido al gran número de intérpretes existente en el campus y a la experiencia que acumulan en este sentido. Rocío Díaz, que acaba de aprobar la oposición para ser profesora de Audición y Lenguaje en El Sol, sería una de ellas. Sorda desde los 7 meses por problemas derivados de la medicación, ahora, a sus 31 años, reconoce que, por fin, se siente feliz. Su vida no ha sido fácil. "Te enfrentas a un mundo lleno de dificultades, pero he tenido la suerte de tener una familia estupenda. Porque para la integración son fundamentales el apoyo de los que te rodean y el esfuerzo personal", explica con voz clara, sin necesidad de apoyar su testimonio con lenguaje de signos.

Superada la primera tentación de no salir de casa, Rocío recuerda cómo el primer audífono que utilizó era de petaca, algo demasiado evidente para sus compañeros de colegio. Todos ellos eran oyentes y no era raro el día en que se metieran con ella y se lo quitaran. Más de una vez pensó en abandonar, pero siguió luchando… Víctima de la educación que recibió, no conoció la lengua de signos hasta que comenzó a estudiar Magisterio. Lo sacó en tres años y sin intérprete. "Me ponía en primera fila para poder leer los labios de los profesores", recuerda con orgullo. Y reacia, por su edad, a los buenos resultados del implante coclear -sistema al que recurren ahora más del 80% de los niños sordos, pero que muestra mayor índice de éxito si se opera cuando aún son muy jóvenes-, sigue confiando en su audífono retrocular -más moderno que el de petaca de sus primeros años- y en su formación para atender las clases de niños sordos y oyentes que están bajo su tutela. "Cuando yo era pequeña, no había nada para nosotros. Ahora, afortunadamente, ha cambiado mucho", explica.

Y entre estos cambios, las nuevas tecnologías se han convertido en sus mejores aliados. "Internet o los SMS a través de los teléfonos móviles han sido su gran liberación, les han dado una autonomía difícil de imaginar. No verás a ningún sordo sin su móvil", concluyen en la CNSE.

En catalán se gesticula diferente

Como lenguaje vivo que surge de forma espontánea para cubrir una necesidad concreta, la de comunicarse, la Lengua de Signos Española (LSE) no sólo es diferente a la que se utiliza, por ejemplo, en Francia, Gran Bretaña o EEUU. También dentro del mismo Estado existen matices que distinguirían a las usadas en Valencia, Andalucía, Madrid o Galicia, todas ellas englobadas dentro de lo que se conoce como LSE. Incluso, dentro de una misma ciudad, los sordos podrían identificar el colegio donde se han formado según la jerga de signos que empleen. Pero cuando las diferencias son mayores que las semejanzas es cuando se empieza a hablar de lenguas distintas. Y esto es precisamente lo que ocurre entre la LSE y la que se utiliza en Cataluña. ¿Es posible que un castellanoparlante pueda comunicarse con alguien que lo hace en catalán? "Pues la misma pregunta serviría para alguien que utilice la Lengua de Signos Española y quiera dirigirse a un sordo que domina la Catalana (LSC)", responden rápidamente en la Confederación Estatal de Personas Sordas, que cifra en 400.000 el número de ciudadanos que utiliza estas lenguas. "Habría alguna que otra dificultad, pero seguro que serían capaces de transmitirse lo fundamental", vienen a decir. Por ejemplo, para signar palabras como "educación" o "política" se utilizarían distintos signos en Madrid que en Barcelona. En otros casos, como la palabra "España", los signos coincidirían. "No es una cuestión política. Tan sólo estamos hablando de reconocer lo que es una realidad", es el mensaje del colectivo de sordos, preocupados porque alguien quiera relacionar esta cuestión con, por ejemplo, los actuales debates sobre el nuevo Estatuto catalán.

200 años de historia

Desde una primera edición de 1620 del "Arte para enseñar a hablar", hasta audífonos y aparatos de reeducación auditiva utilizados hasta los años 70. La exposición "200 años de educación oficial para sordos en España" también reúne por primera vez actas, libros y fotografías, como la que abre este reportaje, que muestran cómo ha cambiado el sistema pedagógico para quienes padecen algún tipo de sordera. Así, son claros los rastros de cómo los centros en los que se les atendía eran, además, todo un mundo cerrado para ellos. Vivían en régimen de internado hasta que cumplían los 21 años. Y de allí salían con un oficio aprendido, tal y como reflejan los restos de los talleres de costura, óptica, imprenta o cocina expuestos en una muestra más que recomendable para conocer nuestro pasado más inmediato.

Fuente: Magazine El Mundo (12/02/2006)
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