Una fundación asturiana cumple 138 años al servicio de las personas sordas

Cuando en 1867 el padre Domingo Fernández Vinjoy comenzó a dar acogida a niños huérfanos en su propio domicilio, ni imaginaba en qué iba a derivar la labor social que emprendió. Hoy, 138 años después, la fundación que lleva su nombre atiende a 800 usuarios, niños, jóvenes y adultos. La mayoría son personas sordas que están aprendiendo a utilizar con la lengua de signos.

La entidad está de enhorabuena. El año pasado cumplió 80 años como fundación activa y, por si fuera poco, el Consejo de Ministros le concedió el viernes la Cruz de Oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social, una distinción que suele circunscribirse a instituciones o personalidades que trabajan a nivel nacional. Aunque su campo de trabajo se limita básicamente a la región -si bien cuenta con institutos de repercusión estatal, como la Escuela Nacional de Audioprótesis-, en los últimos años ha experimentado un impulso de gigante. Al menos, en cuanto a número de usuarios.

En 2002, cuando comenzó, sólo tenía 25. En cifras globales también se nota el incremento: de 537 beneficiarios en 2004 a los 800 actuales. Además del Instituto de Atención Temprana y Seguimiento, el Centro de Desarrollo Comunitario, cuyo fin es la animación social y la relación entre niños sordos; el Centro de Recursos Educativos y Escolaridad, dedicado a la atención educativa y al apoyo escolar; el Centro de Formación Profesional y Ocupacional, que aglutina todas las acciones formativas cuyo fin es la inserción en el mundo laboral de las personas con deficiencias auditivas; la Oficina de Orientación; el Instituto Superior de la Lengua de Signos, que imparte un ciclo formativo de grado superior de interpretación de la lengua de signos.

FUENTE: DIARIOSIGNO.COM (31/03/2005)

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