Las personas sordas siguen sin hallar su hueco en la sociedad

Loreto González Goizueta


Sufrir algún tipo de discapacidad auditiva sigue siendo hoy, para la mayoría de los afectados, un problema de integración social. La escuela, la universidad o el trabajo son algunos espacios donde las personas sordas encuentran barreras para incorporarse.

En España, casi un millón de personas padece algún grado de sordera o discapacidad auditiva. De ellas, unas 7.000 son niños menores de seis años, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Y, a pesar de que una parte del ser humano se forja gracias a la comunicación, parece ser que las dos fórmulas disponibles para que lo hagan estas personas (lenguaje de signos y lengua oral) siguen siendo motivo de debate.

Mientras en España el número de usuarios de la lengua de signos supera los 40.000, -ya que además de los afectados, muchas otras personas la han aprendido por razones familiares, afectivas o laborales-, hay otro gran bloque de discapacitados que apuesta por su integración social dominando, primero, el lenguaje oral. Una controversia en la que no se ponen de acuerdo ni los propios afectados (ver DM del 12-XI-03)
Preocupados por las repercusiones psicológicas de la sordera, un grupo de expertos se ha reunido en Cádiz para valorar los diversos problemas que niños y jóvenes encuentran en su etapa escolar y al comienzo de su carrera laboral. En este sentido, María Teresa Lozano, psicóloga de la Facultad de Ciencias de la Educación de Cádiz, ha recordado que "si el ser humano se construye como tal en la interacción comunicativa con otras personas, es más fácil comprender las dificultades a las que se tienen que enfrentar los niños y las niñas sordas, sobre todo si la sordera es profunda y de nacimiento". Por eso, en opinión de esta experta, la clave para ir superando paulatinamente estos obstáculos está en favorecer el acceso a la comunicación, "preferiblemente a la lengua de signos", desde la edad temprana.

Lozano ha insistido en que "el aprendizaje de estos niños debe superponerse desde el principio al sistema de comunicación gestual construido por cada pequeño con sus adultos de referencia, que tienen que preocuparse por acompañar cualquier actividad de cuidado y de juego con sus palabras". Y es que esta psicóloga se muestra crítica ante la tendencia, todavía mayoritaria, que hay en España de dar prioridad a la lengua oral: "Al lenguaje de signos se le ha otorgado un equívoco segundo lugar". Una recomendación de la que discrepa su colega Manuel Antonio García Sedeño, profesor de Orientación Profesional de la Facultad de Ciencias de la Educación, de Cádiz.

Integración laboral
García Sedeño ha defendido que la inserción profesional de las personas sordas, "tiene que hacerse a través de la lengua oral. Creo que lo único que consigue el lenguaje de signos es formar guetos que dificultan la integración social y profesional". Y, aunque el sordo acceda al mercado laboral, según García Sedeño, "el lenguaje vuelve a ser la principal barrera, ya que por lo demás, las personas sordas tienen un desarrollo intelectual similar al de las oyentes. Sí hay algún retraso en la niñez y en la infancia, pero a partir de la adolescencia desaparece. En cualquier caso, estoy de acuerdo con que se podría educar mucho mejor al niño sordo si desde su nacimiento se trabajase más su bilingüismo".

Todos estos problemas de integración que a día de hoy siguen siendo una realidad, van haciendo mella entre las personas que sufren algún tipo de discapacidad auditiva. "Cuando alguien percibe que no lucha en igualdad de condiciones, que sólo recibe un contrato más barato, acaba por hundirse. Entonces aparecen los problemas, las pequeñas depresiones, el no querer salir de casa, etc.", ha explicado García Sedeño.

FUENTE: Diariomedico.com 24/02/2005

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