Palabras con las manos en la Universidad



Por primera vez, los alumnos sordos podrán asistir a clase en igualdad de condiciones con los oyentes. La Complutense y la Consejería de Educación pagarán los 70.000 euros que cuestan los intérpretes.

Paloma nació sorda. Entre todas las virtudes que le transmitió su madre se coló esta sordera, que ambas comparten; así que el silencio es, para Paloma, el único sonido. Sus manos son su garganta, y emplea los dedos como cuerdas vocales. No enfatiza con la entonación, sino con los ojos. Como no ha conocido otra cosa, nunca se ha hecho preguntas. Salvo esa vez, tan niña, en que descubrió que había diferencias entre ella y los otros. Su madre le explicó y se sintió triste, pero no derrotada.

Fue al colegio, donde tuvo intérpretes de signos, su idioma; aprendió a hablar de forma deslumbrante para no haber escuchado nunca una palabra. Luego, también con ayuda del intérprete, pasó con brillantez por el instituto, y allí decidió estudiar Fisioterapia. Tiene 18 años y no ha perdido un curso. Y desde octubre es una más de los 100.000 alumnos de la Universidad Complutense.

Pero el salto a la facultad le está dando problemas, porque los intérpretes, le dicen, son muy caros -unos 9.000 euros por alumno y año-, y la Universidad, le dicen, no tiene recursos para pagar los que ella y otro puñado de alumnos necesitan. Así pues, desde que comenzó el curso no ha podido asistir a clase.

Bueno, ir sí va, pero no se entera de nada. Lee los labios, pero no a la velocidad con la que un profesor explica; y menos si éste pasea de un lado al otro del aula. Así que lo único que le queda es pedir a otros compañeros oyentes los apuntes, y estudiar, sola. "Entre otras cosas -explica-, quiero ir a la Universidad para divertirme y hacer amigos; pero así, aislada, no hay modo".

Federación de Sordos. Paloma no desesperó. Escribió cartas a los periódicos, concertó reuniones y, junto a otros muchachos, algunos estudiantes de la Politécnica y la UNED, aunó fuerzas a través de la Federación de Sordos de Madrid. En la recientemente creada Oficina de Atención a los Discapacitados de la Complutense le dijeron que no había dinero; luego acudió a la Consejería de Educación, donde le contestaron lo mismo. Pero en ambos sitios la trataron con cariño, confiesa, y le prometieron hacer lo posible por hallar los 70.000 euros, poco más de once millones de pesetas, que, según explica la Federación de Sordos, hacen falta para pagar seis intérpretes.

En las últimas semanas, la Universidad y la Consejería han hablado, y parece que el asunto va a resolverse. LA RAZÓN ha hablado con la vicerrectora de alumnos de la Complutense, Cristina Barañano, quien hace esta declaración de intenciones: "Hemos decidido pagar. Nosotros no lo tenemos, pero vamos a hacer un esfuerzo, al menos este año; para más adelante necesitaremos patrocinadores privados o financiación pública, sobre todo si otros alumnos, motivados por esta iniciativa, que es muy cara, comienzan a sumarse".

En la Consejería de Educación también recogen el guante, y la viceconsejera, Carmen González, promete "al menos, participar en la cofinanciación de los intérpretes". González recuerda que hay una beca para discapacitados de 600 euros anuales, y Barañano añade que la Universidad, desde este año, no cobra matrícula a los discapacitados. Paloma agradece los gestos pero se pregunta qué tienen que ver los 600 euros con que ella no entienda nada en clase. Aunque está más tranquila. Había voluntad y, parece, también va a haber intérprete.

Así que Paloma está feliz. "No era justo que, después de tantos años de esfuerzo, me quedara atrás por no poder competir con el resto de compañeros en igualdad". Los muros caen, y ella promete esforzarse mucho para ser "una gran fisioterapeuta". Y para muchas cosas más. Porque su universo es exactamente igual que el de un joven de 18 años. Cada mes compra National Geographic y sueña con viajar y conocer.

Quiere salir, divertirse, conocer a alguien, formar una familia. ¿Con otro sordo o con un oyente? "Con alguien a quien ame y que me ame a mí. ¿Qué importa si oye?".

En las próximas semanas, explica la vicerrectora de la Complutense, se formará a los intérpretes y se darán clases especiales a los profesores para que aprendan a convivir con una alumna sorda. Paloma podrá ir a clase como cualquiera. Y, aunque con más dificultades -los sordos sólo manejan la mitad del vocabulario de los oyentes-, estudiará y hará exámenes. Y será una más; es lo único que pide.

Fuente: La Razón y Minoríasorda (27/01/2005)

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