Y TODAVÍA QUEDAN NECIOS

Los titulares de los periódicos y revistas españoles recogen día a día las pequeñas-grandes victorias que las personas Sordas asestan diariamente a sus opresores. Con su vigor incansable. Con su inagotable paciencia. Con su tesón infatigable. Con su indomable orgullo. Con el triunfo y el éxito que tanto incomodan a los que persisten en la idea de considerarlos inferiores. Pero lo de estos días ha sido brutal. El mazazo que las personas Sordas andaluzas -y con él toda la comunidad Sorda española- ha dejado caer sobre la cultura de la opresión y la marginación, no deja lugar a dudas.

Y sin embargo, todavía quedan NECIOS.

La brillante hazaña de las personas Sordas en el Parlamento andaluz se convierte hoy en la más rotunda afrenta que una comunidad por largos años vejada haya levantado en contra de su verdugo.

Y sin embargo, todavía quedan NECIOS.

El ridículo que un pequeño grupo de hombres y mujeres Sordas de una otrora pequeña e
ignorada comunidad autónoma ha hecho hacer al resto de las autonomías españolas y a su poderosa maquinaria publicitaria es una prueba más -y de las más contundentes- de lo que viene sucediéndose diariamente desde que estas mismas autonomías decidieran silenciar el pensar y el sentir de las personas Sordas.

Y sin embargo, todavía quedan NECIOS.

Siglos de yugo, de opresión, de violencia, de negación de derechos. Pero, sobre todo, siglos de SILENCIO. Demasiado para cualquier grupo. Y más, para el colectivo Sordo español. Un colectivo que durante siglos viene dando las más diáfanas muestras de lo que el poder de la voz significa. Siglos de desconcierto, de zozobras, de miedos, de negación, de marginación. Pero también de silencios. Siglos de dolor callado.

Y sin embargo, todavía quedan NECIOS.

Al principio, las pequeñas asociaciones. Y con ellas, las tímidas primeras voces. Y la pronta respuesta del poder: "NO a la Lengua de Signos". Más tarde, una voz nueva, más fuerte e impetuosa, la de la incansable Confederación Nacional. Y la misma respuesta: "NO a la Lengua de Signos". Y mientras tanto, cumpliendo requisitos y exigencias infranqueables, el trabajo callado de los silenciosos miembros de la comunidades Sordas. Primero, desde las escuelas. Luego, desde los Institutos. Más tarde, incomprensiblemente para muchos, desde la Universidad. Personas Sordas profesionales. Participación activa en la vida política, social y cultural más tarde. Sordos escritores. Sordos maestros. Sordos lingüistas. Sordos ponentes en congresos relevantes. Y siempre, la misma respuesta: "NO a la Lengua de Signos". Estudios de las más prestigiosas universidades. Lenguas de Signos reconocidas tanto en países punteros como en otros considerados tercermundistas. Datos que evidencian el fracaso de la integración únicamente física.

Cientos de Sordos en las universidades europeas y americanas. Doctores Sordos en las universidades suecas, brasileñas, finlandesas. Participación en Simposios y Congresos universitarios. Y siempre, la misma respuesta: "NO a la Lengua de Signos".

Miles de demostraciones diarias de que los Sordos no son ni más ni menos torpes, que simplemente no entienden a profesores que les hablan en una lengua desconocida.
Sordos unidos por idénticas razones: el desconsuelo ante una opresión de siglos, el temor a la oscuridad lingüística, a la nada. Todos identificados en un mismo afán, el ansia de libertad que supone el reconocimiento de la Lengua de Signos.

Y todavía quedan NECIOS.

Hoy, una comunidad ejemplar, la de los Sordos andaluces, les demuestra que lo "imposible" se consigue con voluntad y perseverancia. A pesar de ello, pero ahora sólo desde el resto de las Autonomías, la misma voz: "NO a la Lengua de Signos". Cientos, miles de esfuerzos callados, conocidos o anónimos; durante siglos. Personas deseosas de libertad, de esa que les aporta el signo; y con él, la voz visual del pensamiento. Cualquier esfuerzo antes que el ostracismo forzado, que la mentira del opresor. Cualquier desvelo antes que la aceptación de que otro decida por él. Todo, antes de que otro le diga lo que puede "hacer". Y, menos aún, lo que puede "ser".

Y todavía quedan NECIOS.

En la medida permitida, gentes de todos los niveles, de todas las esferas. Políticos. Artistas. Profesionales. Deportistas. Militares. Colectivo Sordo. Uno, tres, diez, cincuenta, cien, todos los de la comunidad andaluza hoy. Y ahora, ante un nuevo error del "poder oral", los Sordos andaluces -los mismos a los que la oralidad condenó hace siglos al silencio- consiguen aprobar en el Parlamento el reconocimiento de la Lengua de Signos Española por 98 votos a favor y ninguno en contra. Votos que reconocen a la LSE como la "lengua natural y propia" de las personas Sordas: "Lengua de Signos, SÍ".

Y todavía quedan NECIOS.

Los Sordos andaluces viven ya -ahora sí- en una sociedad más justa. Pero cientos, miles, son condenados cada día al silencio en el resto de comunidades autónomas por el sólo hecho de querer desarrollarse plenamente como ciudadanos españoles, de defender su principal patrimonio cultural, de exponer su derecho a una educación y a una vida de calidad, de exigir a una sociedad mayoritaria el respeto a la condición bilingüe y bicultural de las personas Sordas. Unos y otros esperan impacientes a que las demás autonomías españolas entiendan que los Sordos no exigen otra cosa que un derecho. Y demostrando, día a día, que cuando les permiten desarrollarse en su propia lengua pueden hacer descender los porcentajes de fracaso escolar, las cifras de paro, las ingentes sumas de las subvenciones a la discapacidad.

Y sin embargo, todavía quedan NECIOS.

Necios, sí.

Necios que alardean de su ignorancia en el Parlamento castellano-leonés.

Necios que continúan negando -pese a las irrefutables pruebas científicas- que la Lengua de Signos es la lengua natural de las personas Sordas.

Necios que prefieren seguir secuestrando sus derechos a las personas Sordas.

Necios que, amparados en una tradición ancestral inadmisible, quieren seguir irrespetando la condición bilingüe y bicultural de las personas Sordas.

Necios que dan la espalda a los resultados de las investigaciones científicas.

Necios que prefieren desoír el silencio de las palabras Sordas.

Necios que, con el poder de la palabra o del silencio cómplice, levantan la voz para decir que no está mal que los Sordos continúen segregados, aislados, incomunicados; que está bien que se sigan pisoteando sus derechos.

Necios que acallan su conciencia con demagogia, con paternalismo, con colonialismo.

Necios a los que no se les escapa que el nuevo atropello del Parlamento castellano-leonés tiene lugar en el Año Europeo de la Discapacidad y en el vigésimo quinto aniversario de la Constitución.

Necios a los no que se les escapan, tampoco, los grandes logros diarios de las personas Sordas.

Necios que saben que la integración física propuesta para las personas Sordas sigue resultando un fracaso.

Necios que no quieren ver que la heroica hazaña andaluza es una más en las innumerables que se han ido sucediendo durante estos largos -pero no interminables- años.

Necios que sin duda se preguntan: ¿por qué tantas muestras diarias de la inquebrantable lucha de los Sordos? ¿cuántos escaparían de la dominación si la libertad lingüística fuese verdadera? ¿cuántos si se eliminase la máscara de la sensibilidad cobarde? ¿Treinta, cincuenta, cien mil? No. Más de un millón de ciudadanos españoles los que podrían escapar del analfabetismo, del silencio estigmatizador que supone la falta de una lengua liberadora.

Necios que se hacen preguntas, pero que acallan respuestas.

Necios a los que faltan dedos para contar a los Sordos que con un esfuerzo ímprobo logran triunfar cada día, pero a los que pronto van a sobrarles para sumar el número de fracasos de hombres y mujeres ya libres lingüísticamente.

Necios equivocados o engañados. Tontos ignorantes a los que la acción de comunidad Sorda andaluza debe quitar definitivamente la venda. A menos que la venda no haya sido puesta, sino labrada por la maldad, la estupidez, la inconsciencia o la desvergüenza; en cuyo caso tendríamos que seguir afirmando... y sin embargo, todavía quedan NECIOS.

Carlos Moriyón Mojica
D.N.I. 71.129.171-S
Catedrático de Lingüística General
Facultad de Educación y Trabajo Social
Universidad de Valladolid


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