EL AJEDREZ Y LAS PERSONAS SORDAS


Estamos acostumbrados a ver la historia de las personas Sordas en torno a la educación, las asociaciones, la lengua de Signos... valor éste incalculable aunque sea un campo, junto con la literatura hecha por personas Sordas, poco explorado y al que auguro un futuro floreciente gracias al interés demostrado por la comunidad científica y universitaria.


Sin embargo, existen otros aspectos cruciales para comprender la capacidad de las personas Sordas. Este es el propósito de estas pocas líneas: sacar a la luz ciertos aspectos de las personas Sordas relacionados con uno de los deportes más violentos, metafóricamente hablando, como es el ajedrez.
El ajedrez es más difícil de lo que a primera vista pudiera parecer.

Tanto es así que, para llegar a ser un gran jugador o jugadora, no es suficiente poseer una buena memoria, tener sentido común y saber algunos trucos, como ocurre con los juegos de mesa.
Para llegar a la ciencia del ajedrez resulta imprescindible una dedicación excluida.

Así, vemos como en la actualidad se ha convertido en un deporte profesional que abarca desde la enseñanza (ya en algunos países occidentales se incluye como enseñanza obligatoria) hasta la competición profesional.

Quien llega a tener una buena comprensión del ajedrez es considerada una persona una persona dotada de inteligencia y autonomía suficiente para decidir por sí misma.

Como curiosidad apuntar que muchos fueron los personajes de la historia que destacaron como jugadores notables: Napoleón, Lincoln, Che Guevara, Lenin, Tolstoi, Ramón y Cajal, Teresa de Jesús y una larga lista que resultaría imposible mencionar aquí.

Jugar al ajedrez es una actividad específicamente humana. Cuando enseñamos a un niño a jugar al ajedrez, le estamos impulsando a realizar acciones intencionadas de asimilación de determinados conocimientos y habilidades, que se van despertando gracias a las reglas de este tipo de juego.

Es más, a un niño/a sordo/a le ayuda a desarrollar sus capacidades intelectuales y a relacionarlas con el entorno. Este cúmulo de conocimientos no tiene otra intención que ofrecer la posibilidad a los niños de resolver problemas prácticos relacionados con su valía personal, la capacidad de interactuar con otros niños y, por supuesto, jugar.

La propia vida, la comunicación y el juego exigen no solo aprender sino también hacer y, por ello, el aprendizaje del niño estaría vacío si no se le ofrecen las tareas que ponen a prueba su capacidad ejecutiva.

(Resumen del artículo publicado en la revista "Faro del Silencio" de la CNSE)

Fuente: SOLIDARIDADDIGITAL

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