Isabel es una ecuatoriana que llegó a España hace dos años. Desde entonces ha trabajado sin cesar. Limpiando, fregando... Hace cualquier trabajo para poder enviar unos cuantos euros con los que mantiene en su país a su familia.

Su marido, Juan está enfermo y su madre es la que se ocupa de los niños. Isabel pelea desde hace dos años por reunirse de nuevo con su marido y sus hijos.

Quiere tener una vida normal en España. Está tan ocupada de sobrevivir y mandar dinero a los suyos que no se acuerda de si misma, de sus problemas de salud. En los últimos meses se ha ido quedando sorda.

Al principio no le daba importancia, muchas veces no se enteraba bien de lo que le decían sus jefes. Luego dejó de oír el teléfono. No le dio demasiada importancia hasta que un día la pusieron verde en el trabajo por no abrir la puerta y no atender al cartero. "¿Estas sorda o es que te da igual que llamen a la puerta?"

Isabel empezó a preocuparse pero con todos los problemas que tenía encima lo de no oír bien era un pequeño inconveniente que solucionaba prestando atención a los labios de la gente.

Pero la verdad es que cada vez oía menos. Isabel, entre trabajo y trabajo, se fue al médico y la doctora la mandó al otorrino que le realizó una audiometría.

El otorrino no se lo pensó: "usted debe operarse y realizarse un implante coclear" . Isabel se asustó.. "¿operarme? Pero a mi me da miedo y no tengo dinero y no puedo faltar al trabajo... mejor mándeme unos audífonos doctor", le explicó Isabel.

El médico le contestó que los audífonos son muy caros, que lo mejor es hacerse un implante coclear porque es gratis "lo paga la Seguridad Social, y además podría oir".

El doctor le explicó a Isabel que debía tomar la decisión inmediatamente, que en caso contrario se iba a quedar completamente sorda, que debía hacerse el implante ya...

Nadie le explicó que necesitaría rehabilitación, que se trata de una intervención con riesgo, ni de logopedía, ni de nada.

Fuente: MINORIA SORDA

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