La comunidad sorda acusa al Gobierno de sumirla en el analfabetismo

El Partido Popular acaba de rechazar en el Congreso una propuesta socialista para que se reconozca a la Lengua de Signos como una lengua oficial

Las personas oyentes desconocen, en su mayoría, la realidad social de los niños sordos a los que el Partido Popular acaba de «cortar las alas» de su educación tras rechazar, la pasada semana, que la Lengua de Signos sea una lengua oficial: «No puedo consentir que quien legisla el país ponga barreras en la educación secundaria de mis hijas, que tienen derecho a tener una lengua propia, como todo ciudadano», dice Antonia Espejo, madre de dos niñas sordas de 12 y 6 años.

La sordera entraña una dificultad de comunicación, al suponer una barrera en la adquisición del lenguaje oral y una importante dependencia del entorno para adquirirlo. Esto influye indudablemente en el niño, tanto en su desarrollo psicológico como en su comportamiento social.

Casi un millón de sordos

En España existen, aproximadamente, casi un millón de personas con «discapacidad para oír», de acuerdo con la encuesta sobre discapacidad, deficiencia y estado de salud realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 1999. Este dato aglutina a todas aquellas personas que presentan una sordera prelocutiva, postlocutiva, mala audición y trastornos del equilibrio. Entre este casi millón de personas, hay 7.000 niños escolarizados. Este hecho sin embargo, no les garantiza en ningún caso un acceso efectivo a los contenidos académicos porque la enseñanza pública contempla las necesidades educativas especiales de las personas con discapacidad auditiva; pero no las necesidades específicas del alumnado sordo que requiere una metodología bilingüe-bicultural para el desarrollo del aprendizaje, en la que se utiliza la lengua de signos como una de las lenguas vehiculares.

Los educadores explican que la etapa más importante para estos escolares es de los 3 a los 7 años «porque es cuando el niño adquiere y fija el lenguaje. Si a un niño sordo no se le permite expresarse y acceder a la educación a través de la lengua natural, la lengua de los signos, sus posibilidades de aprendizaje se ven muy reducidas», manifiesta María Luz Esteban, coordinadora de la comisión de lengua de signos española y educación de la Confederación Nacional de Sordos de España (CNSE).

Los profesores de los niños sordos en España no están obligados a conocer la lengua de signos. Por este motivo, los programas didácticos se imparten vocalizando y obligando al alumnado a que lo entiendan. Esta tendencia pretende conseguir que los niños sordos hablen y asimilen como si fueran oyentes. Esta es una de las causas por las que van quedando rezagados a lo largo del proceso educativo.

Los niños sordos necesitan expresarse en la Lengua de Signos y que se les expliquen los contenidos académicos de esta manera porque para ellos «es casi imposible seguir el ritmo normal de una clase, no pueden comprender todo lo que dicen sus profesores. Laura tiene 12 años y lee bastante bien los labios de las personas oyentes, pero no es capaz de entender todo el significado. Por eso, necesita que alguien le signe», manifiesta Antonia Espejo.

En España existen un centenar de intérpretes de educación secundaria y universitaria «pero aunque parezcan muchos resultan insuficientes», comenta Esteban. En lo que se refiere a la educación maternal y primaria, los niños deben asistir a colegios concertados, donde reciben una educación bilingüe. El tipo de educación que el Gobierno está ofreciendo a estos niños hace que los resultados sean desalentadores para todos los padres con hijos sordos. «Estudios anteriores a la puesta en marcha de la LOGSE constataban que el nivel lector de los niños y niñas sordos al finalizar la Educación General Básica (EGB) no superaba los niveles de los niños oyentes de nueve años de edad», explica María Luz Esteban.

Sólo el 25% pasa a Secundaria

Otros estudios más recientes indican que el 40 por ciento de estos alumnos no obtiene el graduado escolar y que tan sólo el uno por ciento alcanza la universidad. «Si estos resultados les parecen satisfactorios, entonces que sigan así», alegaba la madre de las pequeñas Laura y María José. En el informe publicado en 2001 por el Consejo Escolar del Estado se revela que el 75 por ciento de los niños sordos se encuentran escolarizados en los niveles educativos de la etapa obligatoria o en programas de garantía social y sólo el 25 por ciento pasa a la etapa secundaria. «Con lo que nos ofrecen están consiguiendo analfabetos funcionales. Nuestros hijos lo que necesitan son recursos humanos para integrarse de lleno en la sociedad». De hecho, «el 80 por ciento de los sordos es analfabeto funcional, no puede hacer una lectura comprensiva», especifica Luis Cañón, presidente de la CNSE.

Además, en nuestro país no existe una red para atender las necesidades de los padres que descubren a los pocos meses de la vida de su hijo que éste es sordo. «Asociaciones como la nuestra responden y asesoran a padres que llegan a nosotros asustados porque no saben cómo deben comunicarse con su hijo», decía la coordinadora del CNSE.

Una vez diagnosticado el problema, los padres deben aprender la Lengua de Signos para poder hablar de «forma natural» con sus hijos. «Aunque los padres signen a sus pequeños es importante que los niños se relacionen con otros sordos adultos para poder aprender a signar con soltura».

Los niños sordos aprenden su propia lengua de una forma innata. La Lengua de los Signos tiene sus propias reglas gramaticales, sintaxis, parámetros... con las que «podemos expresar cualquier idea, sentimiento o sensación. Tenemos muy claro que somos personas normales, no somos enfermos. Nuestra única diferencia es que no oímos y por eso, nos expresamos con una lengua propia». Por sus limitaciones auditivas, los niños sordos desde pequeños acceden a la información a través de códigos visuales.

Los padres de niños sordos aseguran que sus hijos hacen enormes esfuerzos para hacerse entender en la comunidad de oyentes a través de la lengua oral. «Además, los otros niños no les rechazan porque entienden enseguida que la comunicación es posible si se les habla más despacio», comenta Antonia Espejo.

Cargos de responsabilidad

Cuando los niños sordos salen del entorno familiar para afrontar la vida adulta se encuentran con enormes barreras en la sociedad. Los índices de desocupación son casi del 40 por ciento entre la población masculina y alcanzan cuotas del 60 por ciento entre el colectivo femenino. Asimismo, los que trabajan, pocas veces tienen un cargo de responsabilidad. «Esto es completamente injusto, porque la inteligencia de los niños sordos es la misma que la de un niño oyente. Y pueden hacer todo lo que se propongan menos oír. Si no llegan más alto en sus puestos de trabajo es porque la educación que reciben en las escuelas resulta insuficiente», añade la madre de María José.

Las asociaciones de personas sordas existentes en España reclaman a la sociedad y al Gobierno una formación específica e individualizada prelaboral, una sensibilización del empresario de las capacidades laborales de las personas sordas, formación a la carta en el puesto de trabajo y una promoción real.

«Fuimos en busca de nuestra hija sabiendo que también iba a ser sorda»

Miguel López y Antonia Espejo son los padres de Laura y María José, dos niñas sordas de 12 y 6 años.

Supieron que su hija era sorda a los 9 meses, «recibimos la noticia con desconocimiento pero nunca nos sentimos culpables» comenta la madre. Ellos desconocen por qué sus hijas son sordas pero lo atribuyen a un factor genético pues «al año siguiente de nacer Laura, mi hermano tuvo una hija, Lucía, también sorda». Aún sabiendo que tenían unas posibilidades muy altas de tener otro bebé con la misma discapacidad, Miguel y Antonia decidieron ir a por la pequeña María José. «Hubiera sido muy raro que no huebiese nacido igual que su hermana, pero lo teníamos asumido y nos lo confirmaron a los 7 días». Desde el primer momento, «los padres deben explicar a sus hijos que son sordos», explica Antonia. Los padres, que se ven obligados a aprender la Lengua de Signos, son su principal vehículo de comunicación con la sociedad.«Yo les signo todo a mis hijas, sobre todo, a la mayor, y les explico todo aquello que no comprenden». No obstante, los padres de las pequeñas saben lo importante que es para sus hijas que aprendan la lengua oral para poder integrarse por completo en la sociedad. «Si sé que mi hija tiene capacidad lingüística para entenderme le hablo, porque debe acostumbrarse a usar la lengua oral».Otro método que utilizan la mayoría de estas familias es la escritura porque «para ellos es más comprensible el lenguaje visual». Laura y la pequeña María José se comunican siempre que pueden a través de signos, «la pequeña todavía está aprendiendo», y si la comunicación no es posible los padres siempre ayudarán.

LA INCULTURA IMPUESTA

LUIS J. CAÑÓN. Presidente de la Confederación Nacional de Sordos

La calidad es un concepto de moda que, a menudo, se utiliza de forma abusiva. Las personas sordas hemos podido comprobar, con tristeza, hasta qué punto este adjetivo suele ser un reclamo vacío de contenido. La llamada ley de Calidad de la Enseñanza es un excelente ejemplo. Nuestro colectivo, que acoge en este país a casi un millón de personas, se sintió enormemente esperanzado cuando supo de la existencia de una reforma educativa destinada, supuestamente, a lograr la mejora de la educación. En España, sólo un uno por ciento de las personas sordas logran acceder a la Universidad. La cifra resultaría alarmante en cualquier estado democrático y sin embargo, aquí parece no importarle a nadie. El hecho de que sólo un uno por ciento de «super-sordos», de ciudadanos privilegiados económica o intelectualmente, acceden al saber después de franquear miles de obstáculos constata el fracaso del sistema educativo.

Este fracaso tiene mucho que ver con viejos tópicos que circulan acerca de nuestro colectivo. Son mitos que denotan el profundo desconocimiento que la sociedad -en general- y nuestros representantes políticos -en particular- tienen sobre nosotros. El primero de esos errores es llamarnos sordomudos. Carecemos de oído pero no de voz, luego no somos mudos. Otro de ellos es suponernos unas capacidades casi paranormales para leer los labios de los demás. La lengua hablada se nos escapa, ya que depende de muchas variables: el nivel de conocimiento que tiene cada persona, la capacidad para vocalizar, la luz... Con ello puedo afirmar que si entre nosotros hay pocos universitarios, los eruditos en lectura labial apenas existen.

Hay tantas cosas que se ignoran sobre nosotros... pero sin duda la que hoy nos ocupa merece una atención especial. Es el hecho de que exista un colectivo de españoles al que se está conculcando un derecho fundamental: el derecho a la educación.

Imagínense que dejaran de oír y tuvieran que acudir a un espacio donde todo el mundo mueve los labios en silencio... quedarían aislados. Imagínense, además, que su interlocutor les da la espalda, mientras les dirige palabras sin sonido. Así se siente un niño sordo en mitad de una clase. Eso es lo que experimenta cada vez que su maestro escribe en la pizarra durante una explicación. Al alumnado sordo no se le niega el derecho a estar escolarizado, pero tampoco se le facilita la comprensión de los contenidos. Hoy nada les garantiza que entiendan a sus profesores ni que asimilen los contenidos como el resto de los compañeros.

El resultado de esta situación es frustrante. El 90 por ciento de los alumnos sordos que concluyen su ciclo formativo a la edad de 16 años muestran un nivel comparable a los niños oyentes que cursan cuarto de primaria, alumnos con 9 años de edad. Lo cierto es que este incomprensible desastre no se está produciendo en un estado del Tercer Mundo. Ocurre aquí mismo, en España.

La situación sería menos denigrante para nuestro colectivo de no tener remedio... Pero lo tiene. No pudimos dejar de alegrarnos al pensar que la reforma educativa podía poner fin a siglos y siglos de marginación y desventaja. Pensábamos que, al menos, nuestros niños y niñas harían efectivo ese derecho histórico a recibir educación. Pensábamos que accederían a las aulas universitarias. No ha sido así. Seguimos siendo invisibles. Por eso, desde la Confederación Nacional de Sordos de España hemos intentado introducir una serie de enmiendas a la Ley de Calidad de la Enseñanza cuyos principales planteamientos son:

Garantizar el derecho de la infancia sorda a poder acceder a una educación bilingüe (Lengua de Signos Española y Lengua Castellana), al objeto de potenciar su crecimiento, desarrollo cognitivo, social y psicoafectivo, en igualdad de condiciones con el resto de niños y niñas. Un derecho básico como miembros de una sociedad que se pretende igualitaria. Entre nuestras propuestas hemos incluido peticiones como contar con intérpretes de Lengua de Signos en la ESO, que se permita al alumnado sordo disponer del tiempo adecuado durante los exámenes o exención de la prueba oral en lengua extranjera. La situación es grave porque si no se nos tiene en cuenta ahora que la ley se debate en el Senado, otra generación de niños sordos quedará privada del conocimiento.

Hay un elemento común y característico a nuestro colectivo y es que todos encontramos barreras de comunicación en nuestra vida cotidiana y los aspectos visuales se configuran como fundamentales en el contacto con el mundo. Por eso nos urge la incorporación inmediata de la Lengua de Signos en las aulas. Las personas sordas no podemos renunciar a nuestra lengua, ni a nuestra cultura porque ser sordos no es una elección sino una condición con la que nos hemos encontrado. Hemos nacido españoles, hemos nacido -o nos hemos quedado- sordos y como tales participamos de una lengua natural que es la Lengua de Signos. Poseemos una cultura rica y fascinante que ha marcado nuestra identidad desde la antigüedad.

¿Alguien puede considerar que nuestra reclamación es ilícita? Tenemos la necesidad urgente de hacer efectivo nuestro derecho a la educación. Es una lucha legítima. Una asignatura pendiente de esta democracia, que se obstina en considerarnos ciudadanos invisibles.

(La última semana de Noviembre de 2002, no la olvidaremos por nefasta para la cultura sorda y su lengua)

Fuente: enminoria

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